jueves, 13 de febrero de 2014

Displair: una pantalla aérea táctil como la de la ciencia ficción


Displair es una pantalla aérea táctil como las que podemos ver en algunas películas futuristas o de ciencia ficción. Ahora ha llegado a nosotros, es real y funcional. El nombre proviene de una combinación de la palabra “display” (pantalla) y la palabra “air” (aire).  
El artífice de este invento es el ruso Maxim Kamanin, un alumno que le enseñó a su profesor  que nunca se debe subestimar a un alumno. Kamanin, asombrado por las pantallas aéreas que aparecían en algunas películas y esos hologramas con los que se puede interactuar que vemos por la TV, preguntó a su profesor que si eso sería posible. El profesor, le contestó que no.
Ahora Maxim Kamanin, por su trabajo y rebelión, disfruta de este invento orgulloso y demostrándole a su profesor que se equivocaba. La prueba es su dispositivo Displair. Maxim Kamanin estudió los fenómenos de ilusión óptica natural producida por los espejismos, la niebla y pensó que si un arcoíris podía mostrar esos colores, por qué no se podría crear una pantalla aérea basada en los mismos principios. 
En 2010 fabricaría el primer prototipo de Displair, que usaba vapor de agua para crear las imágenes aéreas, junto con unos sensores que lo transformaban en táctil. Kamanin crearía una startup llamada Displair ese mismo año, para la creación en masa de este peculiar invento. 
Displair puede mostrar cualquier imagen a color mediante una pantalla segura y ecológica creada por un flujo de humo frío creado por partículas de agua impulsadas por un chorro de aire. La pantalla aparece gracias al fenómeno de cavitación que mantiene, las partículas por su tamaño y resistencia superficial, la pantalla estable.
Sobre esta pantalla se pueden proyectar todo tipo de contenido, incluso videojuegos. La tecnología informática de la pantalla permite detectar 1500 toques simultáneamente, transformándola en multitáctil, con retrasos de solo 200 milisegundos. Se ha trabajado para que Displair pueda reconocer hasta gestos más complejos, aportándole cualidades que no tienen nada que envidiar a las pantallas táctiles tradicionales.