lunes, 2 de diciembre de 2013

El accidente nuclear más grave ocurrido en España


Ya son varios los accidentes en centrales nucleares ocurridos en España, como el de 1989 ocurrido en la central nuclear de Vandellós, cerca de Tarragona, cuando un incendio en las turbinas dejó los sistemas de seguridad seriamente dañados. Después vino el de 1990 en Zaragoza, donde 27 pacientes recibirían una dosis letal de radioterapia por las malas condiciones de un acelerador de electrones, produciendo la muerte de 11 y el empeoramiento del resto.
En mayo de 1998, una planta de Acerinox fundiría chatarra contaminada con cesio-137 radiactivo, causando una nube radiactiva.




Después vino el del 28 de noviembre de 2007, cuando un error de configuración de los conductos de ventilación del edificio de combustible de la Central Nuclear de Ascó produjo la liberación de partículas radiactivas a la atmósfera (84.95 millones de bequerelios, entre el Co-60, Mn-54, Cr-51 y Fe-59). El accidente fue ocultado hasta el año siguiente, cosa que le costó el puesto al director de la central.
Y todo esto sin contar los accidentes no civiles producidos por experimentos militares, sin nombrar los riesgos del almacenamiento de residuos (que daría para escribir cientos de artículos) y sin mentar otros pequeños incidentes que han liberado radiactividad... Pero aun sigue habiendo gente que considera la energía nuclear como una fuente de energía segura.

“EL ACCIDENTE”:
Pero en este artículo no hablaremos de esos accidentes, sino de otro mucho más grave que ocurrió en nuestro país, hablo del accidente nuclear de Madrid el viernes 7 de noviembre de 1970.
Esa mañana los técnicos del Centro de Energía Nuclear Juan Vigon debían de hacer el trasvase de 700 litros de desechos de alta radiactividad (Estroncio-90, Cesio-137, Rutenio-106 y partículas de Plutonio) desde el tanque A-1 de la planta M-I al depósito T-3 de la planta CIES donde se acumulaban los residuos. Y 5 minútos después del inicio de la operación toda esa cantidad de veneno corría hacia el río Manzanres, arrastrando la contaminación hasta los campos regados por este río, hasta el Jarama e incluso contaminando el Tajo. Los madrileños no fueron informados y consumieron toneladas de hortalizas y verduras contaminadas, al ser regados los campos con el agua del Manzanares.

Los técnicos de la central se marcharon de fin de semana a las 14:45 como cualquier otro viernes, aun sabiendo lo ocurrido, y cesaron las acciones de reparación hasta el lunes 9 noviembre. Hasta dos meses después no se redactó un informe en el que se pedía evaluar los daños y se aportaban algunas medidas a tomar. Tarde y mal, ya que las recomendaciones de evitar los riegos de los campos con agua contaminada y retirar los vegetales contaminados fueron ignoradas.
Algunos hortelanos de la zona vieron como venían inspectores acompañados de policía y sin más explicaciones se llevaban verduras de la huerta. Uno de estos hortelanos fue Benigno Girón, que labraba su tierra en Valcarrada Chica (Villaverde Bajo), operado de cáncer de laringe años después. Luis Lafuente, otro agricultor de Perales del Rio, también comentó que sus plantas se secaron y le informaron que se debía a un vertido de gasoil. Y así podíamos seguir nombrando agricultores hasta San Martín de la Vega, donde los inspectores alegaban otros supuestos vertidos e incluso que compraban las verduras para hacer investigaciones sobre un nuevo pienso para el ganado, llevándose solo algunos vegetales y dejando el resto (sin recomendar que no los consumiesen ni dar más explicaciones)...
Informes de la fecha detectaron media centena de parcelas contaminadas con radiactividad 20 veces superior a lo permitido y los informes posteriores eran aun más preocupantes. Uno de los técnicos del JEN llegó a decir que cuando analizaba muestras en el Jarama, el contador Geiger subió hasta los valores máximos (15.000 cuentas por segundo, cuando lo normal es 100). El mismo asegura “La gente nos preguntaba qué hacíamos y les teníamos que mentir”.
El JEN detectó, en zonas próximas a la Ciudad Universitaria, dosis de un millón de veces superior a la tolerada a lo largo de todo un año, en pocos segundos de medición. Incluso hasta en Toledo se detectaron dosis 10.000 veces por encima de la permitida. En Aranjuez llegaron a ser 75.000 veces superiores. La radiactividad se puso sentir hasta en Lisboa, en la desembocadura del Tajo.
Un año después, algunos periódicos publicaron noticias sobre filtraciones de lo ocurrido, pero que para nada se asemejaban con la realidad. El JEN se encargó de difundir notas tranquilizadoras que decían “No se espera que el escape tenga consecuencias graves a largo plazo. En lo concerniente a las consecuencias a corto plazo, se carece de la información suficiente para llegar a una conclusión”.

Alguna tierra contaminada se enterraron en un descampado del CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas), en plena Ciudad Universitaria. Concretamente en el número 22 de la avenida Complutense, cerca de La Moncloa. Y los vegetales contaminados recogidos se han sepultado bajo un sarcófago hecho para ello cerca del campo de fútbol del centro.
Miguel Yuste, de la CGT, y miembro sindical del CIEMAT denuncia hoy día que aun siguen estando los desechos radiactivos enterrados o guardados en las inmediaciones del CIEMAT.
La población no pudo saber toda la verdad de lo que ocurrió hasta 24 años después.
Pero yo me pregunto algo mucho más interesante... ¿Y en la actualidad? Porque el periodo de semidesintegración o hemivida (tiempo estimado para que se desintegren la mitad de los núcleos de un radioisótopo, solo la mitad, no para que deje de ser totalmente radiactivo) del plutonio es de 24.200 de años, siendo de 28,78 años para el Estroncio-90 y de 30,07 años para el Cesio-137 y del Rutenio-106 de casi un año. A mi no me salen las cuentas...

De hecho en mediciones muy recientes aun se sigue detectando restos de plutonio, americio y radio en las proximidades del CIEMAT (situado donde el antiguo JEN).
El propio CIEMAT alerta que en las proximidades del centro se detectan los valores de radiación gamma o rayos gamma más elevados de España.

CAUSAS DE LA FUGA:
Una junta mal solada falló e hizo que hasta 80 litros de refrigerante del reactor nuclear Coral-1 se vertieran al río. Y todo por tener un reactor nuclear en plena Ciudad Universitaria, a 15 min del centro. Pero para saber a que mente retrasada se le ocurrió situarlo allí hay que ir hasta 1958, cuando, entre pantano y pantano, Franco inaugura en la Avenida Complutense nº 22 un “moderno” centro de investigación donde se alojaría el reactor Coral-1. No solo construida cerca de un núcleo urbano sino que se asentaba sobre tierra muy porosa que actúa como una esponja ante cualquier vertido.
Esto añadido a que los militares ocupados de ensamblar el reactor no tenían ni puñetera idea de como soldar las juntas de aquel artefacto raro para ellos, se transformó en la tragedia que fue. De echo el accidente en Palomares (Almería) del bombardero norteamericano B52 que soltó dos bombas termonucleares que cargaba, dió a los técnicos una idea de como soldar los manguitos cuando analizaron los restos del accidente. Curioso, ¿no? El accidente les vino demasiado bien.

La premura y la negación de ayuda externa hicieron que el reactor fuese una autentica chapuza (juntas mal soldadas, deficiencias estructurales, personal inexperto,...). A mi me recuerda un poco a la película de “El astronauta” de Javier Aguirre.

¿POR QUÉ?
Y todos esos enfermos y afectados por el incidente pensarán ¿Por qué? Pues por un gran sueño que tuvo el Generalisimo Francisco Franco y su Almirante Luis Carrero Blanco. Se trata del proyecto de lo que pudo haber sido “La bomba atómica española”.
De hecho España fue el país en el que se pudo conseguir combustible nuclear a espaldas del mundo y sin que se pispara la Organización Internacional de la Energía Atómica del Tio Sam y la U.R.S.S. (que presionaron para que las armas nucleares no proliferaran, obligando a otros países a firmar el TNP o Tratado de No Proliferación Nuclear). No querían una nueva potencia nuclear en Europa (teniendo ellos armas nucleares para qué van a tener el resto... pensarán) que les hiciese sombra.
Al disponer de armamento nuclear, España podría ejercer presión sobre otros países enemigos. Es así como funciona la hegemonía actual, si tienes dinero y armas, tu voto cuenta más... no hay que extrañarse.
El general Juan Vigón fue el encargado de promover esta tecnología y agrupar a las mentes más destacadas en la materia repartidas por la geografía española, de ahí el nombre del centro JEN (Junta de Energía Nuclear).

Tras abrir el centro, lo único que faltaba era conseguir el combustible nuclear para la bomba, el plutonio. Francia, que ya era una potencia nuclear en la época, ofreció a España el reactor de Vandellós I, donde se podría conseguir plutonio a partir de los residuos (otro de los motivos por la reticencia de los gobiernos a cerrar las plantas nucleares a pesar de sus efectos, de ellas no solo se consigue energía, son un autentico laboratorio para conseguir ciertos isótopos como es el caso).
¿Ya lo tenían todo? No, solo faltaba un pequeño detalle. La tecnología para construirlas que consiguieron “casualmente” con el accidente de Palorames, donde pudieron estudiar los restos de las bombas americanas.
Estados Unidos se enteró del “pequeño secreto” de España y mandó a Henry Kissinger a investigar. El cual pudo apreciar que Carrero Blanco era el principal interesado en la bomba atómica. Parece ser que Carrero Blanco expresó sentirse amenazado por no haber querido firmar el pacto TNP. Dicen que Carrero le comentó a Kissinger que quería convertir a España en un país importante, al o que Kissinger contestó “Sí pero es que cuando España es importante, es peligrosa”. Poco después el atentado mató a Carrero y finalizó con el proyecto nuclear. El artefacto que hizo saltar por los aires al coche de Carrero estalló a 400 metros de la embajada de EE.UU. Y 24 horas después de la reunión con Kissinger.

Algunos comentan lo extraño del robo de unas minas controladas inalámbricamente y uno sensores acústicos que se robaron en la base aérea de Torrejón (OTAN) y que procedían de la base de Fort Bliss, Texas.